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El choque de Bianchi cambiará la F1


La historia de la Fórmula Uno es, desafortunadamente, la historia del error y la solución, y digo desafortunadamente porque cada «error» en seguridad o cada vacío en ella que queda de manifiesto con algún accidente grave, lleva a tomar medidas ante nuevos peligros.

Y esto no es exclusivo de este serial o el automovilismo, es la historia del aprendizaje del hombre: me quemo, no vuelvo a tocar la pira; se ahoga el niño, tapo el pozo.

En los 50’s los pilotos no siempre llevaban cascos, no tenían ropa antifuego (andaban en playeras polo de manga corta), no había cinturones de seguridad, los tanques de gasolina eran auténticas bombas; luego en los 70’s los monoplazas seguían siendo de acero material de menos absorción de impactos que la posterior fibra de carbono, los ejes de delanteros pasaban por debajo de las piernas de los pilotos y los choques frontales eran garantía de fractura de piernas, en el mejor de los casos.

La altura de los rieles que rodeaban las pistas eran auténticas gillotinas, algunos escapes en curvas peligrosas daban a muros o estructuras mortales, los espectadores estaban apostados tan cerca de la pista que parecían mítines.

En los 90’s la altura del costado de los habitáculos de los monoplazas para los pilotos dejaban al descubierto desde abajo del hombro y toda la cabeza, y así miles de detalles que se solucionaron poco a poco, accidente tras accidente, error tras error, prueba tras prueba.

La muerte de Ayrton Senna provocó la más grande y más reciente revolución en la seguridad de pistas y autos.

Así hoy, el accidente del joven francés Jules Bianchi en Suzuka seguramente significará un ajuste en la seguridad del Gran Circo y casi les puedo firmar que no volveremos a ver una grúa dentro de la pista mientras que los autos rueden en carrera o práctica, o muy probablemente no serán grúas como la que encontró el francés en su despiste del domingo.

Bianchi golpeó la parte trasera de una grúa que trataba de desalojar de la pista el Sauber de Adrian Sutil, cuando Bianchi se despistó en el mismo punto, bajo bandera amarilla y una pertinaz lluvia.

El ángulo en que golpeó con el tractor, produjo graves lesiones craneales a Bianchi, quien ahora se debate entre la vida y la muerte en un hospital de Japón.

Muchos dirán que este era un peligro previsible. Que los obstáculos ajenos a la naturaleza de la pista que no son barreras de llantas, guardarrieles, muros de pits, trampas de grava o arena, son un sinsentido siempre, pero el uso adecuado de grúas y tractores para retirar rápidamente vehículos varados en el camino , ha sido también una fuente de seguridad para los pilotos.

Ahora queda claro que es mucho mejor contar con brazos retráctiles, como sucede en Mónaco, que desde fuera del trazado tomen los autos sin representar un objeto extraño dentro de los límites de acción del resto de los monoplazas.

La asociación de pilotos de Fórmula Uno, GPDA (Grand Prix Drivers Association) que ahora presiden Alex Wurz, Jenson Button y Sebastian Vettel deberán levantar la voz y pedir acciones inmediatas, so pena de dejar pasar el más grave percance en carrera dentro de la F1 desde la muerte de Ayrton Senna en 1994.

Recordemos que el accidente de María de Villota, también en un Marussia, fue en una práctica, pero también contra un vehículo que estaba dentro de la posible trayectoria de un auto fuera de control.

Con las pocas imágenes que hay ya reserva de que se dé el lunes una explicación detallada del percance del francés de 25 años, parece que además de la mala ubicación de la grúa, el impacto del auto fue en la única zona vulnerable para el piloto: el espacio libre que queda lateralmente y al frente, donde se asoma parte del casco.

Ese es el talón de Aquiles de los autos de F1 en cuanto seguridad, si por alguna razón los autos topan con una saliente de forma frontal (caso De Villota) o lateral (Bianchi) la cabeza no tiene más protección que el casco. Ya se ha hablado de subir aún más las paredes laterales del cockpit, pero resultaría en detrimento de la visibilidad periférica, por lo que se han hecho pruebas para tener una cápsula transparente que cubra al piloto por completo.

Esto supone ahora un peligro de asfixia o de quedar atrapados en caso de fuego, amén del espíritu y la tradición de los monoplazas, pero en aras de la seguridad se pueden desarrollar estas cápsulas.

No hay que olvidar que la Fórmula Uno es el laboratorio donde la industria automotriz desarrolla los adelantos más importantes, ¿o de dónde creen que salieron el control de tracción o el ABS?

Esperemos, de todo corazón, que lo de Bianchi termine sólo en una mala experiencia, que vuelva a las pistas y que ese domingo en Suzuka sirva para que todos los que vengan corran más seguros.

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