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pese a los últimos ataques, Kiev vuelve tímidamente a una vida que se asemeja a la normalidad


Ciclistas en la Plaza de la Independencia frente a un cartel que dice "Yo amo a Ucrania"

GENIA SAVILOV

KIEV.- En el parque Fomine en el centro de Kiev hay una larga fila para sacarse fotos bajo las magnolias que acaban de florecer. Un soldado ucraniano pide a su mujer y sus dos hijos que “¡sonrían!” bajo la sombra de flores moradas.

Despues de 51 dias de guerra los habitantes de Kiev aprovecharon que el viernes fue el primer día soleado de la primavera para pasear por el parque o para tomarse un trago en una terraza, y tener una vida casi normal.

Familias descansan en el parque Taras Shevchenko en Kiev, en uno de los primeros días de sol de la primavera

GENIA SAVILOV

Familias descansan en el parque Taras Shevchenko en Kiev, en uno de los primeros días de sol de la primavera (GENYA SAVILOV/)

Esquivando los coches de niños, las patinetas y las bicicletas, Nataliya Makrieva, de 43 años, recupera el paisaje tomado del brazo con su madre y no logra creerlo. ”Es la primera vez que volvemos al centro de la ciudad, queríamos ver cómo funcionaban los transportes, estar un poco con la gente. Ver a tanta gente me hace muy bien”, contó la veterinaria que sacó sus anteojos de sol.

Tumbado en el césped que combina con su uniforme, un soldado fuma en su pipa y mira el cielo azul. Hay 21º grados y sus compañeros, dos gemelos, se treparon en el nogal que está en flor. ”Es la primera vez que podemos respirar en más de un mes en Irpin y Hostomel y vinimos aquí para aprovechar el lindo día”, explica uno de los gemelos uniformados, Dmitro Tkatchenko, de 40 años, que es veterano de la guerra del Donbass en 2015.

La gente baila junto al monumento a Taras Shevchenko (tapiado con maderas para cubrirlo de las bombas) en el centro de Kiev

GENIA SAVILOV

La gente baila junto al monumento a Taras Shevchenko (tapiado con maderas para cubrirlo de las bombas) en el centro de Kiev (GENYA SAVILOV/)

Sentada en un banco, como lo hace a diario, Ana Grichko, que en un mes cumplirá 83 años, se deleita al ver el espectáculo de la vida. ”Hoy ​​la gente quiere olvidar que hay una guerra. Pero pronto habrá nuevos bombardeos y sirenas de alarma y vamos a tener que escondernos”, dice la anciana, que pasa en una fracción de segundos de la risa a las lágrimas. Después de tres semanas de relativa calma, dos ataques rusos golpearon el viernes y el sábado dos complejos militares en las cercanías de Kiev. Desde hace días, el Kremlin amenaza con intensificar los ataques contra Kiev.

Un “Spritz” en las terrazas

Las barreras antitanques fueron guardadas al lado de las carreteras. En los puntos de control sigue teniendo bolsas de arena y bloques de cemento, pero en la mayoría ya no hay soldados apostados.

Los paneles de advertencia ya no difunden consignas de seguridad ni mensajes destinados a los invasores rusos o a los temidos “infiltrados”, sino que transmiten videos patrióticos. El balance de perdidas de materiales en la ciudad sigue siendo bajo. Según las autoridades, 100 edificios han sido destruidos o golpeados por los ataques rusos entre el 24 de febrero y el 22 de marzo, fecha de la última incursión aérea dentro de la ciudad.

Un joven en Scooter en la plaza central de Kiev

GENIA SAVILOV

Un joven en Scooter en la plaza central de Kiev (GENYA SAVILOV/)

”La guerra tiene muchas dimensiones y no se reanuda a los combates. Kiev sigue sin duda en estado de guerra”, explicó Alona Bogatshova, de 34 años, que se permitió una primera salida con sus amigos a una terraza a tomar un Spritz. ”Pero por otro lado, hay tanta vida y libertades que uno se reencuentra. Es una situación inaudita, que no tiene nombre, que todavía no habíamos vivido”resume la joven que se apura a terminar su vaso antes de la hora límite.

En Kiev la venta de alcohol está prohibida a partir de las 16 y el toque de queda rige desde las 21 a las 6 de la mañana. Entre las cosas que todavía se pueden hacer en Kiev está comprar comida a domicilio, ir a la peluquería, tomar el subte, alquilar una bicicleta o una patineta urbana.

Las escuelas, las universidades, la mayoría de los restaurantes y los centros culturales y escondidos permanecerán cerrados. El alcalde de la ciudad, Vitali Klitschko, pidió a las personas que huyeron de la ciudad, que se estima que alcanzaron la mitad de sus 2,8 millones de habitantes en el momento más álgido, que no vuelva por ahora. Según los medios locales, cada día unas 50.000 personas vuelven a la capital ucraniana.

Agencia AFP

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