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Reforzados merced a la Champions


03/11/2021 a las 22:48

CET


Roger Payró

“La única razón por la que juegas esta competición es porque quieres ganarla, pero tampoco somos tontos. Por ahora no parece que esta temporada vayamos a ganar el título& rdquor ;. No escatimó en contundencia Jürgen Klopp la noche del miércoles. Quién diría que acababan de eliminar al RB Leipzig, semifinalista el año pasado, con un global de 4-0 en la eliminatoria. Haber logrado el billete a cuartos es el mejor acicate para los ‘red’, en estado depresivo en Premier y cada vez con menos margen de error para entrar en el top-4 en Inglaterra.

Llámenle soplo de aire fresco, calma en medio de la tormenta, oasis en el desierto & mldr; como quieran, pero el Liverpool ha recibido un estímulo de los que pueden cambiar una dinámica. O eso esperan al menos los ‘scousers’. No está el equipo para menospreciar las buenas nuevas. Y es que los de Klopp han sumado seis derrotas en sus últimos nueve partidos. Los otros tres se saldaron con victoria, dos de ellas en Champions y con Budapest como escenario.

El Puskas Arena ha servido para cortar con su terrible racha como local –dos empates y seis derrotas consecutivas- aunque siguen las cuentas pendientes con Anfield. El cambio de aires en la capital húngara, por aquello de las restricciones por la pandemia, también ha traído de vuelta la pólvora ‘red’. Salah y Mané, en la tierra de Puskas, despacharon al Leipzig con sus goles en ambos encuentros.

Especialmente efectivo fue el cuadro de Merseyside en el primer ‘asalto, penalizando errores infantiles impropios del equipo de Julian Nagelsmann. El 0-2 le ayudó a afrontar el segundo ‘round’ con más tranquilidad tras el descalabro vivido en la Premier. Tuvo sus momentos el cuadro energético, pero la eliminatoria tenía color rojo. Cinco minutos bastaron en la ida para encarrilarla y el mismo lapso de tiempo sirvió en la vuelta para sentenciarla. Alegría para Klopp.

Factor Fabinho

Por primera vez en muchos meses, el alemán pudo devolver a Fabinho a la zona de pivote, donde mayor rendimiento le saca. Las continuas bajas en el centro de la zaga le convirtieron en central de urgencias –siempre y cuando le respetaban las lesiones, porque aquí nadie se salvaba- y su presencia en la medular dotó al equipo de confianza y seguridad. Para que la asfixiante presión a la que nos acostumbró el Liverpool funcionara el equipo debió sentirse arropado por detrás, algo que este curso brilla por su ausencia por los constantes percances en la enfermería.

Le ha pedido un tiempo el conjunto de Klopp a Anfield. El mismo feudo en el que acumuló hasta 68 partidos ligueros invicto ha pasado a convertirse ahora en una pesadilla. El calendario ha querido que hasta el 10 de abril no se vuelvan a ver las caras. Tiempo más que suficiente para recapacitar hacia dónde debe ir la relación entre uno de los estadios más mágicos del panorama futbolístico y uno de los clubes más laureados de la historia. Las visitas al Wolverhampton y al Arsenal, este ya tras el parón de selecciones, deben propulsar al equipo hacia el objetivo de la zona Champions. Es la triste realidad de un Liverpool que ha hecho la peor defensa posible de su corona en Inglaterra.

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